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Ricardo Flores Magón, el luchador social que dio la vida por sus convicciones

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Ricardo Flores Magón (1873-1922) se caracterizó por tener firmes convicciones a favor de la justicia social, fraternidad y libertad, destacó el presidente Andrés Manuel López Obrador en la clase de historia de este lunes sobre la vida del luchador social y precursor de la Revolución Mexicana.

«Nadie como él, en circunstancias tan difíciles, ha demostrado que se puede mantener la firmeza en las convicciones» contra viento y marea. Para los jóvenes: mantener las convicciones”, subrayó.

En la reseña escrita por el mandatario en su último libro ¡Gracias!, relata que Magón era originario de la Sierra Mazateca de Oaxaca y que era un hombre enérgico, congruente y fiel a sus ideas, lo que le valió estar exiliado y encarcelado en Estados Unidos.

En vísperas de su muerte, el también periodista explicó a su amigo Nicolás T. Bernal las razones por las que no pediría perdón para ser liberado de la cárcel, como se lo habían sugerido las autoridades estadounidenses.

En una carta fechada al 6 de diciembre de 1920, desde la Penitenciaría Federal de los Estados Unidos, Leavenworth, en Kansas, mencionó:

«Me pudriré y moriré dentro de estas horrendas paredes que me separan del resto del mundo, porque no voy a pedir perdón, ¡no lo haré! En mis 29 años de lucha por la libertad lo he perdido todo, y toda oportunidad para hacerme rico y famoso; he consumido muchos años de mi vida en las prisiones; he experimentado el sendero del vagabundo y del paria; me he visto desfallecido de hambre; mi vida ha estado en peligro muchas veces; he perdido mi salud; en fin, he perdido todo, menos una cosa, una sola cosa que fomento, mimo y conservo casi con un celo fanático y esa cosa es mi honra como luchador […]».

«Pedir perdón significaría que estoy arrepentido de haberme atrevido a derrocar al capitalismo para poner en su lugar un sistema basado en la libre asociación de los trabajadores para consumir y producir, y no estoy arrepentido de ello. Pedir perdón significaría que abdico de mis ideas anarquistas; y no me retracto; afirmo, afirmo que si la especie humana llega alguna vez a gozar de verdadera fraternidad y libertad y justicia social, deberá ser por medio del anarquismo. Así pues, mi querido Nicolás, estoy condenado a cegar y a morir en la prisión; más prefiero esto que volver la espalda a los trabajadores, y tener las puertas de la prisión abiertas al precio de mi vergüenza. No sobreviviré a mi cautiverio, pues ya estoy viejo; pero cuando muera, mis amigos quizá inscriban en mi tumba: ‘Aquí yace un soñador’ y mis enemigos: ‘Aquí yace loco’. Pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: ‘Aquí yace un cobarde y traidor a sus ideas’».

En ¡Gracias!, el presidente López Obrador narra que, durante la noche del 20 de noviembre de 1922, «mientras dormía, unas manos gigantescas, a través de los barrotes de la celda lo tomaron por el cuello. Hubo una breve, salvaje lucha y Ricardo murió estrangulado». Los hechos ocurrieron a unas horas de dejar la prisión, derivado un indulto solicitado por el presidente Álvaro Obregón y concedido por Warren G. Harding, el entonces presidente de Estados Unidos.

El parte oficial fue otro, según cuenta en el capítulo ‘El Humanismo Mexicano’:

«El director de la cárcel declaró que Ricardo había muerto de un ataque al corazón, incapaz de resistir la alegría de haber sido liberado».

El cuerpo de Flores Magón fue embalsamado en Los Ángeles, California, y la Alianza de Ferrocarrileros lo trasladó hasta la Ciudad de México. En las estaciones de importancia, entre ellas, Chihuahua, Torreón, Aguascalientes y Querétaro, bajaron sus restos con el propósito de que la gente pudiera despedirse.

El presidente López Obrador escribe que se trató de una de las pocas oportunidades en que el pueblo pudo rendir homenaje a sus héroes.

Francisco I. Madero, por ejemplo, «fue enterrado clandestinamente por sus asesinos y Huerta prohibió la manifestación de duelo; Villa y Zapata caerían abatidos a traición y se irían a la tumba sin recibir el homenaje al que su grandeza los hizo merecedores; el mismo Carranza sería sepultado de un modo discreto, rodeado de espías y polizontes».

«Pero Ricardo Flores Magón, después de 25 años de ausencia, volvió a su patria muerto, cuando su recuerdo estaba más vivo que nunca».

El presidente leyó en conferencia que al regreso de Magón, las mujeres lloraban al paso del féretro, mientras que trabajadores y campesinos llevaban flores y lazos negros. El velorio se realizó en el salón principal de la Alianza de Ferrocarrileros en la Ciudad de México.

Sus restos se encuentran en el Panteón Civil de Dolores, en la Rotonda de las Personas Ilustres y “sus ideales, que esos no mueren, los ideales de los dirigentes, permanecen más vivos que nunca. Eso es Ricardo Flores Magón”.

El jefe del Ejecutivo adelantó que mañana, 12 de marzo, abordará las enseñanzas de Francisco I. Madero.

Reiteró que la importancia de recordar la historia, “el que recordemos el hecho de que somos los mexicanos, fruto de nuestro pasado cultural y de nuestro pasado histórico. (…) Tenemos la dicha enorme de tener un pasado glorioso, tanto en lo cultural como en lo histórico. De los pocos países en el mundo que tienen una tradición cultural tan profunda, milenaria y una historia tan fecunda por la lucha de nuestros dirigentes, mártires, los héroes de nuestra patria”.

“Es muy importante el saber de dónde venimos, no avergonzarnos de nuestros orígenes, sentirnos orgullosos. No es propaganda, es que México es una potencia mundial cultural, por eso tenemos que estar exaltando lo que es nuestro gran país, nuestro pueblo”, añadió.