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Opinión

La columna #Acento “Hidalgo, el lugar donde religión y política conviven todos los días y algunas veces eso es causa de anular una elección.

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En el año 2009, al PRD le anularon dos triunfos electorales por intervención de clérigos católicos en favor de sus candidatos ganadores, fue en los municipios de Zimapán y Huazalingo. En 2011, le anularon al PVEM el triunfo en Santiago Tulantepec, por situación muy parecida de intervención de un cura en proselitismo. En 2016, nuevamente el PVEM, le anularon el triunfo en el municipio de Omitlán. En todos los casos el promovente de la demanda fue el Partido Revolucionario Institucional.
Hace unos días, el Tribunal Electoral del Estado de Hidalgo, ha anulado nuevamente por violaciones a la separación entre Estado e Iglesia, el triunfo de Daniel Andrade, candidato del Partido Encuentro Social en el municipio de Huejutla de Reyes.
Son violaciones claras a disposiciones legales, que te indican que no puedes hacer uso de símbolos religiosos en las campañas electorales, luego entonces no hay mucho que explicar, son causas de nulidad directa y lo único que han hecho los tribunales es hacer cumplir la ley.
Si el coordinador, candidato o equipo de campaña desconoce la ley no los excusa de cumplirla o en este caso sufrir el castigo con la anulación del triunfo.
Y es que, en México, y por supuesto en Hidalgo, el tema de la religión sigue estando mas que presente en las campañas políticas. Los políticos no terminan por aceptar separar sus preferencias o creencias religiosas de su ejercicio del poder público que desde hace más de un siglo fue separado formalmente.
En Hidalgo, toda campaña para gobernador, legisladores y alcaldes, siempre pasa por la entrega de tantas toneladas de cemento para la capilla de tal comunidad, por la visita obligada al Obispo o párroco del pueblo, tocar las puertas de los pastores evangélicos, hacerse limpias en rituales paganos que les llaman, ir a las posadas decembrinas, dar dinero para la banda o los cohetones en los festejos guadalupanos o de San Judas Tadeo, no se diga participar en las festividades religiosas de su comunidad o municipio aunque no sean católicos, apoyar con playeras a las peregrinaciones ciclistas a la Villa, muchos partidos incluso han postulado a pastores mormones o evangélicos, los han utilizado para conformar los nuevos partidos, para votar en bloque, sobra decir todo el lenguaje religioso que acompaña los eventos proselitistas que terminan con “dios los acompañe”, “o si dios quiere”, y toda la retahíla de expresiones religiosas propias de la cultura diaria que difícilmente se disocian de lo que ocurre en las campañas.
Por esto es que es paradójico que se anulen algunas elecciones y muchas otras no, tiene que ver sobre todo con quienes reclaman los hechos y quienes ni se dan cuenta que pueden hacer uso de ellos, se les hace tan normal que la religión y la política se crucen todo el tiempo que no les parece que nadie está violando alguna ley.
Punto aparte merece la discrecionalidad y argumentos que los magistrados electorales locales que encuentran para medir con raseros diferentes, las violaciones a la ley; al final estas son sujetas de su interpretación y en Hidalgo casualmente solo favorecen siempre al partido que gobierna. Tal vez sea mera casualidad, pero tal vez no.
El hecho es que los partidos, candidatos y equipos deben tener presente que no por cotidiano, deja de ser una violación a la ley, el uso de símbolos religiosos en las campañas políticas.
PD. En Huichapan y en Tlanchinol, también se impugnó el uso de temas religiosos por parte de los ganadores, pero aunque es evidente la violación la sustentación legal no es la requerida por los magistrados.

ACENTO

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