Curas lo violaban hasta dejarlo inconsciente

Buenos Aires, 27 de febrero.- Curas lo violaban hasta dejarlo inconsciente. Esta es una historia que se gestó en el Instituto Antonio Provolo que atendía a niños sordomudos y donde se escribieron páginas de horror y abuso sexual.

Luego de que han sido condenados  los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho Blanc y el jardinero Armando Gómez, a 60 años de prisión por  abusos cometidos contra niños y niñas en  desde 2004 hasta 2016, fueron detenidas luego un grupo de monjas que los ayudaron a ejecutar sus crímenes.

Hay un hecho de abuso con acceso carnal sumamente particular. Su víctima decidió no estar hoy. El abuso que sufrió dañó profundamente a su familia. El dolor todavía es demasiado.

Una víctima, hoy de 23 años, nació en Misiones y tenía 8 años cuando entró al instituto religioso. A esa edad, relata el portal Infobae,  comenzaron también sus peores padecimientos. De todos los casos que fueron llevados a juicio en el Tribunal Penal N° 2, el suyo demostró un nivel de atrocidad particular: según su relato, fue violado al menos ocho veces mientras estuvo en el instituto, en ocasiones hasta llegaba a desmayarse por el dolor que sufría durante esos ataques.

La filmación de la declaración en cámara Gesell, hecha en 2017, del joven fue proyectada en la sala a comienzos de septiembre, uno de los relatos más crudos en todo el proceso. Prefirió no repetirla en persona. Lo que dijo en su momento fue suficiente.

De acuerdo a su relato, este ex alumno –de condición humilde, lejos de su familia en un pueblo cerca de la Triple Frontera– fue violado en simultáneo por el ex jardinero Gómez (49) y por otro ex trabajador del instituto, quien no llegó al juicio ya que fue declarado inimputable.

Durante algunos de esos tantos episodios de abusos, la víctima  logró exteriorizar como pudo todo el sufrimiento en su cámara Gesell, lo hizo con gritos que evidenciaron su angustioso dolor. Contó cómo en una de las oportunidades el cura Nicola Corradi, de 83 años, encontró a los dos violadores mientras atacaban al ex alumno. Lejos de hacer la denuncia correspondiente, la reacción fue la de ordenarle a Gómez y al otro ex empleado que se retiraran a sus habitaciones. A eso se limitó la acción y reacción del cura italiano, como si se tratase de un padre que pone en penitencia a sus hijos.

Sin embargo, el menor también fue abusado sexualmente  por Corbacho. El modus operandi era el mismo: los curas o el jardinero abusaban del menor quien  sufría múltiples lesiones y desgarramiento anal, en ese momento entraban en escena Corradi, la monja Asunción Martínez (imputada por omisión en otra causa) o el ex monaguillo Jorge Bordón (ya condenado tras reconocer la autoría de 11 abusos) y se encargaban de trasladar al joven misionero al médico; la consulta ocurría siempre fuera del instituto, de acuerdo al relato del joven.

Más allá de esto, no existen registros en la causa ni ninguna denuncia de un profesional de la salud referidas a atenciones a un ex alumno del Próvolo por lesiones de este tipo, por lo que no se descarta que la Justicia guíe parte de los focos a estos episodios.

Tras ser atendido  por los médicos, lo llevaban generalmente a un local de comidas rápidas y allí le compraban una hamburguesa con papas fritas. Incluso, en varias oportunidades le compraron el menú que trae un juguetito de regalo. El mismo juguetito que luego le quitaban –entre tantos otros maltratos– y por el que llegaban a forcejear con un niño de 8 años que no quería darlo.

La víctima estuvo en el Próvolo mendocino entre 2004 y 2009, apenas salió regresó al Litoral junto a su familia. De hecho, mientras estaba de vacaciones en el lugar –aún siendo alumno– su madre lo llevó a un control médico porque evidenciaba dolores. “La víctima cuenta que cuando salió del chequeo, la mujer tenía un papel. Y agrega que viajaron ese mismo día a Mendoza, porque ella fue a pedir explicaciones en el instituto por lo que había observado el médico”, relató una fuente de la investigación.

Esa fue la última vez que el joven abusado pisó el Próvolo, y la penúltima que pisó suelo mendocino. La última fue en junio de 2017, cuando los abogados de las otras víctimas lograron dar con su paradero y consiguieron que regresara a la provincia de Cuyo para presentar su denuncia por lo vivido en el instituto. Lo hizo en cámara Gesell, en presencia de profesionales del Equipo de Abordaje de Abuso Sexual (EDEAS). La entrevista fue clave en la prueba acusadora que se exhibió en el proceso.

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