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Hidalgo

La banda de despojo de parcelas en Zempoala; más evidencias y testimonios de su vida criminal

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César Peña

Zempoala.- Ya no queda la menor duda: los hermanos Fidencio y Lázaro Francisco Cruz Escobedo, acusados de encabezar una banda de despojo de terrenos en Zempoala y el Altiplano, se han hecho de todas sus cosas “a la mala”. Roban, despojan, demandan, amenazan y realizan todo lo necesario para quedarse con los bienes de sus víctimas. Una investigación revela que todos sus bienes inmuebles los han obtenido por estas vías ilegales.

Luego de conocerse que a lo largo de más de tres décadas se han hecho de terrenos, casas y propiedades inmobiliarias por la vía del “despojo legal”, es decir, iniciando procedimientos legales y demandas contra campesinos y gente pobre para quedarse con sus bienes, aparecen nuevas evidencias que prueban estos dichos.

La propia esposa de Lázaro Francisco, revelaría en un acto de arrogancia y prepotencia a este periodista, que poseen 8 parcelas en diferentes comunidades y ejidos durante el robo que hacían del cable de luz de la casa de la señora Guadalupe Baños Escobedo el 15 de noviembre de 2017. Contra Baños Escobedo estos hombres han emprendido una guerra desde el 2014 para quitarle la casa que compró 9 años atrás y para lo cual se han ayudado de los hijos de Fidencio: Candelaria, Óscar y José Guadalupe Cruz Mendoza, que en calidad de cómplices intentan intimidar a la mujer y su familia.

Candelaria: “los vamos a sacar en 9 días”

Delegada de la comunidad de San Antonio en el periodo 2012-2016, Candelaria Cruz Mendoza ha sido pieza fundamental en la cadena de despojos de estos hombres a quienes se les conoce como “la banda de las herencias” pues en ese periodo, facilitó firmas a su padre Fidencio y su tío Lázaro Francisco para que emprendieran el despojo de su casa a Guadalupe Baños.

De figura gris, calculadora y oportunista, esta mujer ha participado en varios intentos de despojo a otras familias en la misma comunidad como sucedió en el año 2008, cuando intentando reclamar una herencia de su abuela paterna, acudió con su padre a la parte superior del Barrio El Tejamanil para cercar un predio con polines y malla.

Sin tener un solo papel de esta “herencia”, fueron corridos a balazos de la propiedad que intentaban invadir, cuyos propietarios resultan ser también sus parientes, quienes no toleraron la consumación de este acto ilegal que estaban realizando, teniendo que subir sus polines y objetos a su camioneta y salir como dice el adagio “con la cola entre las patas”.

En 1999, el tío, Lázaro Francisco intentó despojar de una parcela a Guadalupe Monroy, ejidatario de San Antonio Oxtoyuca de Zempoala siendo denunciado y sentenciado por este hecho. Dos años después, despojo a Dolores Martínez de media hectárea en la comunidad de Acelotla.

Sin embargo para Candelaria este no sería el único episodio oscuro pues tras la publicación del primer reportaje titulado “Delincuencia senil despoja a gente de casa y parcelas en el Altiplano”, aparecieron nuevos testimonios que involucran a toda esta familia con hechos presuntamente delictivos.

“Candelaria vino un día a mi casa haciéndose pasar como encuestadora del INEGI para conocer todo del terreno donde vive mi familia; ¿cuándo se compró?, ¿cuánto costó?, ¿quién es el dueño? y sobre todo, si teníamos papeles, entre tantas preguntas que se nos hicieron extrañas”, afirmó una residente de San Antonio Oxtoyuca, misma comunidad de dónde es originaria la familia acusada de despojo.

Días antes del 20 de agosto de 2019, fecha en que Lázaro Francisco emprende la segunda demanda contra Guadalupe Baños, Candelaria y su padre Fidencio, dejaron soltar el rumor en la comunidad que “sacarían a la Guadalupe y su familia en 9 días”, plazo que brinda la ley para contestar una demanda. Tenían todo fríamente calculado: habían comprado la complicidad de los delegados de la comunidad, en especial de José Meza y sobornaron a uno de los ex abogados de la mujer,  para conocer documentos sobre la demanda previa con lo que creían que se consumaría el anhelado despojo, lo que afortunadamente para la afectada, no sucedió así y el caso ha tomado un rumbo distinto.

Violentos, revoltosos y armados

Como violentos, abusivos, gandallas, burlones y sobre todo muy manipuladores, son descritos los integrantes de la familia Cruz Escobedo, cuyos hermanos Lázaro Francisco y Fidencio, encabezan esta banda de despojo de predios en la que también colaboran los hijos de Fidencio: Óscar, José Guadalupe y Candelaria.

En febrero de 2016, sucedió un episodio más que prueba la maldad de estos sujetos. El recién fallecido Ismael Alvarado narró a este periodista que estuvo a punto de liarse a golpes con Lázaro Francisco por la posesión de un predio en la comunidad de El Cerrito: “el muy hijo de la chingada me quería quitar un terreno y pues se la canté derecho y que le digo que le iba a partir su madre. El muy cobarde no se quiso aventar”, me confesó semanas después.

Acostumbrados a obtener las cosas por la fuerza, Fidencio se hizo de una casa en la cabecera municipal de Zempoala por la misma vía. Marcada con el número 112 de la calle Zaragoza, esta casa se la arrebató también a un residente de la misma localidad de San Antonio, historia que posteriormente le contaremos completa, pero que sirve para ilustrar la vida criminal que llevan estos ancianos.

El domingo 16 de junio de este año, una singular escena en las inmediaciones de la cancha de fútbol rápido de la comunidad de Acelotla, anunciaba la presencia de esta conflictiva familia. Un joven de unos 20 años, la emprendía a puñetazos, patadas y rodillazos en contra de otro joven que apenas y metía las manos para defenderse. La gente a lo lejos, comenzó a acercarse para separar a los rijosos.

Tras la tunda, el agresor, conocido de la gente de ahí, comenzó a ser interrogado: – ¿por qué le pegaste?, le cuestionaron – Ustedes no saben, ese cabrón es de una familia que vive cerca de mi casa que nos quiere quitar el terreno de la familia desde hace tiempo. Ya le traía ganas pues el muy mierda es bien gandalla y su papá, hasta un día me sacó la pistola pero se la quité y le acomodé sus putazos junto a su otro hermano, respondió el iracundo muchacho.

El hombre de la pistola al que se refería, era Lázaro Francisco Cruz Escobedo, quien para variar, se encuentra emprendiendo un juicio en contra de la familia del joven para quedarse con su casa. El agredido, es uno de los hijos menores de su segundo matrimonio, quien de acuerdo a estos testimonios, sigue la escuela de saqueo de Lázaro Francisco, haciendo lo propio para que su padre robe con impunidad.

“Ya se lo había ganado”, enderezó el valiente justiciero.

A inicios de este mismo año, Fidencio se acercó a varios ejidatarios de San Antonio Oxtoyuca con fines que revelan su talante delictivo. A uno de ellos, se la soltó sin más: “oye, ¿cómo le hago para quitarle el terreno a mi hermano?”, ante lo que el receptor simplemente le dijo que él no se metía en esas cosas y que no lo aconsejaría al respecto.

 Hijos, sádicos y porros

Fidencio y Lázaro Francisco  la emprendieron contra quien esto escribe luego de ser exhibidos en los medios de comunicación por su filiación criminal al simular, Fidencio, ser un campesino mientras que su hermano, Lázaro, aparenta ser un comerciante de comida. El primero ordenó a sus hijos Óscar y José Guadalupe, acosar e intentar atropellarlo con sus autos y con unidades de transporte público que manejan como ha quedado constancia en la Fiscalía Especial de Atención a Delitos contra Periodistas de la Procuraduría General de Justicia de la entidad (PGJEH).

Los primogénitos de Fidencio se desempeñan como choferes de unidades de transporte público de las rutas Pachuca – Zempoala, Óscar y el segundo, de la ruta Zempoala – El Cerrito, donde han tenido infinidad de dificultades por su comportamiento belicoso, ahora los utiliza su padre como porros para defenderlo en cada aventura criminal en que se mete.

Óscar, el menor, afecto a las bebidas embriagantes, ha sido corrido de diversas rutas por llegar en estado etílico y manejar así las unidades de transporte público poniendo en riesgo a los pasajeros, amén de su imprudencia y el exceso de velocidad con que conduce.

Sin embargo, José Guadalupe, es muy recordado por liarse constantemente a golpes con la gente y los dueños de las unidades que maneja, de donde ha sido corrido. Pero más es recordado por la gente por ser el sádico conductor que gusta de atropellar a todos los perritos que encuentra sobre su camino.

“Yo iba en su combi cuando en una ocasión vio a un perrito y en vez de esperar a que se pasara, le aceleró para atropellarlo de manera cruel. El pobre perrito quedó desangrado y destripado”, dijeron unos niños de secundaria, recordando lo que hizo en una ocasión este hombre, quien ya anda rayando los 50 años de edad.

Ambos, han usado sus unidades de transporte público para intentar atropellar también a este periodista en la calle, lo mismo que sus autos particulares, un renault azul de viejo modelo y un jetta negro en los que se circulan despreocupadamente por el municipio.

Hoy, la PGJEH ha tomado este caso de agresión a la prensa y promete no dejar impune este ataque a la libertad de expresión.

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