El cura que obligaba a niños a subirse arriba de él para darle “masaje”

Buenos Aires, 7 de diciembre.- El cura que obligaba a niños a subirse arriba de él para darle “masaje”. Aparecen más casos de testimonios que acusan al sacerdote Eduardo Lorenzo, de diversos delitos sexuales.

Infobae dio a conocer los casos de Diego, Juan, Julián, Roberto y, ahora, Gustavo,  que por miedo, pudor o desconocimiento mantuvieron en secreto mucho tiempo y que hablan  del abuso que sufrieron de quien fuera capellán del Servicio Penitenciario Bonaerense y que lo denunciaran públicamente.

Gustavo -nombre ficticio que protege la identidad de este hombre de 44 años, empresario gastronómico platense, un hijo- relató durante dos horas y media ante la fiscal Ana Medina cómo y cuándo el cura Lorenzo abusó de él. Fue cuando la víctima tenía 16 años, en 1991, y el sacerdote lo obligaba a hacerle masajes, lo emborrachó e intentó besarlo en la boca.

“Me pedía que le hiciera masajes en la espalda y me subiera arriba de él”, relató el lunes en los Tribunales de la capital bonaerense y varias veces tuvo que interrumpir su testimonio, presa de la conmoción y el llanto. Según declaró Gustavo, quien sufrió abusos por parte de Lorenzo entre 1991 y 1992 en la parroquia San José Obrero, de Berisso, y en la iglesia San Benito, en Olmos.

El hombre contó que conoció al cura por su pertenencia a un grupo scout de la iglesia Rosa Mística, en el centro platense. “En ese momento Lorenzo coordinaba todos los grupos scouts a nivel regional y ahí comenzamos a tener una amistad. Al tiempo de haberlo conocido en la Rosa Mística, Lorenzo me invitó a ver grupos de scouts que tenía. Yo iba cada tanto, compartía alguna actividad. Y un día me invitó a cenar a la casa parroquial, que quedaba al lado de la iglesia San José Obrero. Fui y como no podía volver porque era tarde, me ofreció que me quede en una habitación que tenía”.

Así comenzó Lorenzo, quien también habría sido confesor de otro cura abusador más célebre, Julio César Grassi, a buscar la forma de abusar de Gustavo. El hombre contó que fue varias veces a Berisso. “Me acuerdo que un día me dijo que estaba con mucho dolor en los pies y las piernas, y me pidió si podía hacerle masajes en los pies, y accedí porque no le encontraba nada raro”.

“Al tiempo, una noche me pidió si le podía hacer masajes en la espalda porque estaba muy contracturado. Él tenía una cama grande y se acostó boca abajo. Cuando empiezo a hacerle masajes, él me dice que para estar más cómodo, que mejor me suba arriba de él. Lo hago y yo estaba como sentado de las rodillas de él, un poco más para arriba. Entonces él me pide que me siente más arriba porque le hacía mal a las piernas”, relató la víctima.

Según explicó a la fiscal Medina, el cura “de alguna manera buscó la vuelta para que me siente bien arriba de su culo”. Pero el entonces adolescente no lo hizo. De acuerdo con su relato a Medina, “habrán pasado 10 minutos cuando le dije que me iba a dormir porque estaba cansado. Al día siguiente me desperté, desayunamos y a media mañana me fui a mi casa”.

En una visita siguiente Gustavo contó que ocurrió una escena similar, lo de los masajes era la excusa perfecta para aproximarse al abuso. “Se volvió a repetir la misma situación. Ya directamente empezaba él pidiendo un masaje en los pies, y después volvió a lo de la espalda a ubicarme en la misma posición. La segunda vez cuando yo le masajeaba la espalda, empezó a moverse, a refregarse contra mí. Pasaba esto y yo buscaba la forma de irme. Le decía que estaba casando o necesitaba algo y me iba a dormir al otro dormitorio”.

Lorenzo fue enviado de Berisso a la parroquia San Benito, en la localidad de Olmos, a donde también lo visitaba Gustavo. Como la estrategia de los masajes no dio resultado, siempre según el relato de la víctima, el presunto abusador intentó acortar caminos con la vía del alcohol y la embriaguez. Fue a todo o nada.

“La amistad continuó con Lorenzo. Un día me llama por teléfono a mi casa y me invita a cenar afuera. Me llevó al bar Almendra, de calle 8 y 57. Ahí empecé a conocer lo que era el whisky. Esa noche en Almendra tomamos mucho whisky. Volvimos a la parroquia de Olmos, otra vez me pidió los masajes, y yo no me sentía muy bien por el mismo motivo de haber tomado alcohol. Pero le hice masajes y él siempre buscaba la misma posición, y esta vez empezó a hacer los movimientos de una manera muy exagerados. Entonces me bajé, y él se levantó y me volvió a repetir que estaba todo bien, que él se sentía muy contento con la amistad que teníamos, que no había nada de malo. Pero yo insistí con irme, y ahí me dio un abrazo e intentó besarme en la boca”, reveló Gustavo y ese fue el punto extremo del abuso.

Gustavo reaccionó, lo insultó y se fue: “Me acuerdo que le dije que era un hijo de puta y que si intentaba hacerme algo le iba a sacar la cabeza a trompadas. Me dijo que me calmara, que estaba todo bien, pero yo no le encontré justificativo a lo que hizo. Llegué a mi casa, me duché, me acosté y fue la última vez que yo fui a verlo”.

Una denuncia llevó a las otras

La primera denuncia contra Lorenzo fue en 2008, cuando Diego Pérez (27) acusó a Lorenzo por los abusos. Pero la causa fue archivada por la propia fiscal Medina, dado que el relato del denunciante, que en ese momento era menor y estaba patrocinado por sus padrinos, no contenía elementos suficientes, a su criterio, para continuar el caso.

Este año, sin embargo, el abogado Juan Pablo Gallego, que representó a las víctimas del expediente Grassi, volvió a la carga y logró reabrir el caso. Julio César y Adriana Frutos, padrinos de Pérez, un chico criado en la calle, lo contactaron para profundizar en la denuncia. Diego ya estaba más grande y quería ir a fondo con la denuncia. Su caso lo contó Infobae en abril de 2019 y la víctima se hizo llamar “León”. Ya no quiere esconder su identidad y por eso acepta que se divulgue su nombre. Días atrás, este medio publicó fragmentos textuales de la nueva declaración de Pérez.

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