Columna #EconomíaVersusPolítica de Cesar Peña “Sosa Castelán; el error de Morena Hidalgo”

Medianamente tarde, el Movimiento de Regeneración Nacional comienza a reconocer que fue no sólo un desliz electoral, sino un garrafal error programático, haberse aliado a Gerardo Sosa Castelán, jefe de la “Sosa Nostra”, como lo bautizó Miguel Ángel Granados Chapa, quien se adueñó de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo como concesión priísta, desde la década de los 80, aún en su época estudiantil.

Hoy que los números fríos superaron la euforia coyuntural de las urnas, una realidad ha salido a flote: Morena se hubiera llevado el carro completo en Hidalgo sin Gerardo Sosa y el Grupo Universidad. Detrás de esta negociación en la que salen culpas y nombres, aparece con inédito fulgor, el nombre de Yeidkol Polevnsky, señalada también de fraguar otras negras alianzas en todo el país.

Fue tal el apoyo que recibió el Grupo Universidad, que sin importar que a escasas dos semanas de empezar la elección del 1 de julio, cuando ya estaban negociadas todas las candidaturas a diputados federales, locales y senadores, se rehízo la lista donde 11 personajes de ese grupo tomaron las primeras posiciones. Atropelló, incluso los acuerdos de su propio presidente estatal, Abraham Mendoza, reduciéndolos a nada.

Andrés Manuel López Obrador sabía de los negros antecedentes de Sosa Castelán y durante las reuniones que vino a encabezar su hijo, Gonzalo López Beltrán, traía la consigna de decirle una y otra vez a los hermanos Sosa, Gerardo y Damián, que Morena no “era un botín”, por lo tanto, sabían que este matrimonio arreglado, tenía altos riesgos que hoy padecen.

La investigación de la Secretaría de Hacienda contra las misteriosas cuentas de la UAEH, que devino en caja chica de Sosa Castelán, no es ni siquiera un asunto de venganza, sino un mero acto de justicia en contra de la trama abusiva de este personaje cuya beca de 800 mil pesos su hija, es un mera travesura infantil ante los millones que han sido desviados y que en la pasada elección sirvieron para apoyar a Morena.

Más allá de la estabilidad y seguridad que brindan los bancos suizos, a dónde fueron a dar a varias de las cuentas bancarias de la UAEH, el máximo atractivo resulta ser su “discreción”, que sin ser paraíso fiscal, ofrece escasa información sobre los titulares y garantiza, aún en medio de la vorágine financiera y las fluctuaciones,  réditos seguros.

Gerardo Sosa no es un inocente en materia financiera y bancaria y no puede deslindarse con un “no sabía” que estaban prohibidas las cuentas en el exterior. Lo hizo con premeditación para obtener mayores dividendos de los que, como los ingresos de la Fundación Universitaria, no le da cuentas a nadie.

La ruptura Sosa – Morena se dio desde la destitución de la coordinación de la bancada de Morena en el Congreso local, dejando fuera al ex rector Humberto Veras Godoy, por Ricardo Baptista. De ahí, los desencuentros no paran y al paso que va, seguramente habrá un cisma mayor en que Sosa venderá su capital al mejor postor en pos de intereses netamente familiares como siempre lo ha hecho.

Esos costos los conocía de sobra la cúpula y sin embargo así se lanzaron a esta bastarda relación que hoy vuelve a recordar los tiempos más fétidos del priísmo, cuya gran diferencia será la forma en que lo resuelvan. Si se pone distancia con la corrupción, se fortalece AMLO y Morena, sino,  el desencanto de la ciudadanía por la cuarta transformación estará tocando la puerta.

El corazón de Gerardo Sosa, por sus actos, sigue siendo tricolor.

 

* Escritor, periodista y economista.

 

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