La columna #DeAquiParaAllá por Roberto Acevedo “Divide y vencerás”.

Si alguien piensa que el libro de cabecera del presidente Andrés Manuel es con referencia a la vida de sus “ídolos”: Juarez, Madero, Zapata o Cardenas está muy equivocado, me parece que la lectura más recurrente que de acuerdo a su sentir es el texto de Nicolás Maquiavelo que lleva por título “El príncipe” que viene siendo un manual de comportamientos la gran mayoría aplicados a la política.

De todas las ideas que genera el Príncipe me parece que la que ejecuta a la perfección es la de “ divide y venceras” la cual al paso de los años perfeccionó primero entre la mafia del poder y el pueblo bueno, y ahora entre conservadores y liberales, o en su versión milenial: chairos contra fifis.

El Presidente mexicano durante sus primeros meses de gobierno se ha dedicado, cada vez que puede a denostar a todo aquel que, ante sus ojos, no está con él y lo hace con algo que a los mexicanos les encanta: minimizar a sus oponentes con apodos: fifis, mafia de poder, Ricky, riquín , canallín.

Y no es casualidad que se conduzca de esa manera porque genera “algo” que deja en la mesa para que cualquiera venga, se ponga la camiseta y los adopten como suyo.

El mejor ejemplo es la expresión FIFI que ya es una etiqueta para todo aquel que no sea “liberal” o lo que él llama pueblo bueno.

En el análisis del discurso del Presidente prevalece la polarización y los juicios de valor. Y de alguna manera ese tono está llevando al país a una división, dejé usted de buenos contra malos, sino de liberales contra conservadores, lo que para el Presidente eso signifique.

Pareciera que en su visión de las cosas a Andrés Manuel no le disgusta que la política mexicana se asemeje al Mexico del Siglo 19; donde un joven país definía su futuro en una lucha entre liberales y conservadores que dividió a toda una generación y como consecuencia de eso se vivieron muchos periodos de guerra e inestabilidad, incluso de una fragilidad que fue aprovechada por potencias extranjeras para invadirnos e incluso perder la mitad del territorio.

Es una obviedad que en el Siglo XXI la soberanía no está en riesgo pero ese tono de división está presente y con el riesgos para una sociedad que necesita unidad más que nunca.

México tiene por delante muchos retos que exigen que sean tomados en cuenta muchos actores de la sociedad. Empresarios, las fuerzas armadas, la sociedad civil, los maestros e incluso los propios conservadores, entre muchos otros. El reto es saber darle a cada uno su lugar e importancia en una visión de gobierno que busque la unidad y no la división.

Hoy más que nunca pareciera que el cambio de gobierno y de rumbo político ha traído confusión y no certeza. Se sabe que el capital político del Andrés Manuel le da el derecho a pensar cómo debiera ser el rumbo del país pero no lo hace intocable a la hora de analizar sus tomas decisiones, y mucho menos ajeno a las críticas por la inviabilidad de sus ideas y por ende tampoco le da el derecho de denostar a quien no piensa como él.

El presidente se mueve en arenas peligrosas que lo deben de motivar a moderar su discurso. Abstenerse de calificativos. Serenarse y entender que la campaña ya terminó y es otra la dinámica.

Muchos dirán qué hay muchas afrentas por cobrar. Muchos corruptelas que deben ser exhibidas y la voz del Presidente va de acordé a ese sentir “popular”.

El problema es que no pasa del discurso. Y no lo digo desde la perspectiva de una cacería de brujas sino que tengo la sensación de que su lucha es muy frágil.

Para transformar a México se necesita pactar, ceder, y muchas cosas más que hacen del proceso un camino complejo. Y el Presidente cree que solo con Morena se puede lograr y no, no es así.

La “cuatro T” suena bonita en el papel pero en la realidad se queda muy corta .

La historia nos dice que cuando las sociedades lograron unirse, cualquiera que fuera la razón, pudieron avanzar y eso ha hecho la diferencia.

Se necesita una unión que venga de las ideas en función del que país avance y no la confrontación y descalificaciones que tiene su origen en una rueda de prensa mañanera.

El Presidente no convoca a sus adversarios a debatir las ideas… los confronta

El Presidente no es un hombre tonto pero si terco y obstinado que no concede mucho a quien no piensa como él. Ojalá rectifique porque esto apenas va comenzado y hay mucho camino por recorrer.

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