La columna #Acento de José Sandoval Ortiz “Yalitza y Cuarón quebrando paradigmas de cromática de piel”.

Decía el escritor mexicano, Jorge Ibargüengoitia, “la única regla general es que los pueblos conquistados son pueblos divididos, absortos en rivalidades, internas e incapaces de presentar un frente común”, a la que añadiría y se la pasan teorizando y criticando la calidad artística de “Roma”, la exitosa película del cineasta mexicano, Alfonso Cuarón, quien lleva como protagonista principal de la cinta a una mexicana que se llama Yalitzia Aparicio, presas del racismo al revés, es decir un síndrome de inferioridad, de que la piel morena no está a la altura de los grandes logros.
Quien esto escribe, no es ni crítico de arte, ni mucho menos experto en cine, pero es uno de los millones de humanos a los que le gusto de sobremanera la historia y la forma de ser contada, algo tan cotidiano y tan revelador de muchas de las taras de las familias y la sociedad mexicana: como el machismo, el racismo, el clasismo, el autoritarismo político, la violencia social, la sociedad de conquista y el juego de roles acorde al color de piel de las personas. La crítica implícita es brutal, es tal vez por eso que a muchos les ha causado urticaria la misma y justifican su crítica en la calidad de actuación o en los recursos técnicos de Cuarón.

Mientras la película de “Roma” sigue conquistando el mundo y ganando premios en el círculo de los que sí saben de cine, en amplias franjas de la sociedad y por supuesto en la opinocracia mexicana, se dilucida ampliamente sobre la trascendencia de la película, el impacto mundial y todos los detalles hasta del origen de la actriz principal. Hoy hasta Obama habla de ella, hasta a Tom Brady le preguntan si ya la vio, y ahí en esta ventana, es donde esta lo valioso, todo el mundo está hablando de una película mexicana por primera vez en la historia del cine mexicano, y todo mundo está hablando de una mujer mexicana con raíces indígenas que sin experiencia actoral ha impacto el mundo del cine del mundo.

Se repite 25 años después el fenómeno mediático internacional del EZLN, cuando aquellos indígenas encapuchados aparecieron en medio de la globalización a reclamar su existencia y gritar su presencia y captaron la mirada de todos, pusieron a los indígenas en el mapa, hoy la película de Cuarón pone sobre la mesa la realidad de las personas que trabajan en el servicio doméstico, en todos sus ángulos que van desde la discriminación y llegan al tema de la explotación.

Pero para este escribano, lo más importante de la obra radica en el boom en torno a Yalitzia, una mujer morena como tantas millones de mujeres mexicanas, maestra rural que está triunfando en el mundo de los reflectores, apareciendo en portadas de moda y a lo que muchos atribuyen un sentimiento de culpa en Hollywood para lavarse la cara, si el mismo Hollywood que ha servido en los últimos años para destapar el abuso sexual y que ha premiado a directores mexicanos en lo más alto, sin importan su nacionalidad, pero muchos creen que sigue siendo el mismo Hollywood de vaqueros de Ronald Reagan. Hollywood está cambiando desde hace años y eso es muy bueno.

Yalitza ha venido a demostrar que se puede triunfar, sin importar el color de piel, ahí está la medula del asunto, sube a la alfombra roja, como lo han hecho, blancos, amarillos, rojos, negros y ahora cafés, tienen extremidades, ojos, cabello, lengua igual que el resto del mundo, rompió el paradigma de tener que ser blanco, hijo de padres influyentes, “guapo” acorde al parámetro de alguna televisora, graduado en el extranjero para poder entrar al gran mundo. El boom por la película es para los morenos una demostración que tienen las mismas capacidades y aptitudes para triunfar en lo que se propongan: Hollywood, deporte, ciencia o lo que sea.

Así igual que cuando los juveniles mexicanos le ganan sin complejos a Alemania, a España o a Brasil en futbol, así Yalitza triunfa, tal vez no sea la mejor actriz, tal vez Roma no sea la mejor película de la historia del cine mexicano, pero que bueno que está pasando, que bueno el ruido que está haciendo, que bueno el ejemplo que está dando, que bueno que Cuarón exista, que bueno que todos hablen de esto, aunque algunos sea para pitorrearse desde sus parámetros de autoflagelación, desde el complejo de llorar en un rincón porque la grandeza está reservada para los güeros, que chingón es que Cuarón haya roto paradigmas, que bueno que ahora son mayoría los mexicanos que hacemos frente común, que hemos sido capaces de superar nuestras rivalidades para aplaudir el triunfo de una mexicana, morena como la mayoría.

P.D. En la foto aparece Lupita Myongo, una mexicana por accidente, cuya presencia no tiene otra razón que hacer que tú leyeras estas letras.

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