La columna #DeAquíParaAllá de Roberto Acevedo “El Pueblo Bueno”.

En México nos gusta ver las cosas desde una perspectiva absoluta. Blanco y negro. Buenos y malos. No hay espacio para los puntos intermedios lo cual es peligroso. Esa idea del pueblo bueno, el pueblo sabio que no se equivoca es transitar por un camino donde los defectos propios del ser humano se borran a razón de la cantidad. No hay nada más engañoso que eso.

En la tragedia de Tlahuelilpan, Hidalgo, hay muchas cosas que razonar que van de la mano con el actuar de la gente, del pueblo. En una primera instancia está la idea de “chingar” a los que tienen, o en este caso al gobierno “que siempre roba”.

Por eso, para la gente, ir a saquear combustible estaba justificado como ha sido en otros casos en donde al accidentarse un camión de carga o tren, la rapiña se hace presente. Hay una idea romántica de que el pueblo roba porque es una especie de justicia para los que siempre están con una desventaja social y económica; y para los cuales las leyes, el orden y valores no tienen sentido.

Las imágenes previas a la tragedia refieren una especie de celebración, una romería donde la gente está a la espera para sacar el combustible. Y mientras espera su turno hay tiempo para reír, observar, jugar… Se ve a decenas de gente llegando con toda clase de recipientes, cerca de un campo al parecer agrícola donde en medio está el canal del ducto de donde brota el combustible. Será difícil si la multitud que se apersonó y que murió de forma espantosa al ser alcanzado por el fuego, quiénes iban con la intención de robar y quiénes iban solo a ver el espectáculo que era el saqueó ante la frustración de militares y policías federales que eran superados ampliamente, que miraban con resignación lo qué pasaba ante sus ojos y, en un gesto de sensatez, se hicieron a un lado.

Se imaginan si alguno de los elementos castrenses en cumplimento de la orden de resguardar los ductos hubiera accionado su arma, ya no digamos para lastimar a alguien, sino solo disparos al aire en señal de advertencia, el linchamiento público hubiera sido brutal.

No tienen justificación las voces que critican el actuar de las fuerzas del orden de hacerse a un lado. Fueron sensatos. Lo que sí es criticable es la actitud de los que se apersonaron al ducto, que no midieron los peligros que por la naturaleza propia de los combustibles pensaron que no iba a pasar nada. Se sabe que un descuido mínimo puede provocar una tragedia y en ese sentido la presencia de más de ochocientas personas buscando hacerse de gasolina en condiciones peligrosas ante la ausencia de procedimientos básicos de seguridad, era el caldo de cultivo para lo que sucedió. Son muy fuertes las imágenes de gente corriendo envueltas en llamas al darse al explosión.

¿Quién es el responsable de estos hechos?

¿El gobierno, los huachicoleros?… No. Esos actores son responsables de otras cosas pero no de gente que vio la oportunidad de robar y saquear, y que en aras de lucrar no tomaron las medidas pertinentes para su seguridad.

¿ Es una tragedia? Sin duda que lo es, pero con el ingrediente de que el pueblo bueno también se equivoca. Al no respetar un elemento básico de la convivencia social: no tomo lo que no es mío.

Y si alguien argumenta que el petróleo es de los mexicanos lo que justifica esta clase de actos. Esa misma persona debe entender que hasta en lo más mínimo debe haber respeto, orden, legalidad y sentido común.

¿Qué es lo que sigue?

Tal vez un reforzamiento de la presencia militar en puntos estratégicos para desalentar el robo. Cambios en las leyes. Habrá ofrecimiento de diversos apoyos para las familias de las victimas y finalmente
al paso del tiempo el gobierno encontrará la fórmula para restablecer el suministro a gasolineras con lo cual el tema e interés de la gente poco a poco saldrá del radar mediático hasta que llegue otra noticia que capte la atención de la sociedad.

Pero ante la tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo; más allá de su contexto, es evidente que se necesitan acciones de parte de muchos actores de la sociedad para el reforzamiento de los valores cívicos, sobre todo con los menores de edad para que en un futuro, ante lo inevitable que es un saqueo de estas características y que desgraciadamente no será el último, que por lo menos se tenga la certeza de que se intentó hacer algo: educar a la gente, no a partir de una visión doctrinaria, sino simple y llanamente desde el: no tomes lo que no es tuyo.

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